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Caperucita Roja desde el punto de vista del Lobo

Min-Chen Chu nos ayuda a desmitificar uno de los cuentos más manipulados de la literatura universal.
Desde pequeños nos cuentan cómo el malvado Lobo engañó a Caperucita y se comió a su abuelita, pero... ¿podemos estar seguros de esto? ¿Acaso tenemos pruebas y testimonios que corroboren esta versión?

Ante esta duda, nuestra reportera Min Chen decidió interrogar directamente al Lobo, acusado de asesinato y estigmatizado de la sociedad, para descubrir la estremecedora verdad.

Ésta es la historia del Lobo:


Transcripción


Yo vivo tranquilamente en el bosque sin preocuparme del mundo. La raza humana no me gusta porque soy un lobo y los estereotipos me presentan como un ser muy malo. Pero no me importa, el bosque es muy bonito y tiene pájaros para hacerme compañía.
La llegada de la Caperucita Roja destruyó esta tranquilidad. Estaba tomando una siesta cuando ella llegó con una cesta llena de comida. Abrí mis ojos y le eché un vistazo. Era una niña que estaba vestida en rojo. Sentí que había algo malo en ella, pero fui a hablar con ella porque hace un tiempo que no había hablado con un ser humano. Le saludé y le pregunté: “¿qué hay de nuevo en el mundo de los humanos?”. Los ojos de la Caperucita Roja se volvieron poco a poco en una mirada fría como el hielo, y de repente balanceó su cesta de cosas hacia mí. No tuve tiempo para evitar el golpe y me cayó como una roca. Sin embargo, ella no se detuvo. Por suerte, tuve la oportunidad de salvarme antes de que me golpeara de nuevo. Me escondí detrás de un árbol y oí a la Caperucita Roja decir con un tono despectivo: “¿Por qué siempre mamá quiere que yo atraviese el bosque para traer comida a la abuela? Puede cuidar de sí misma, ¿no? ¡Estoy harta! Esta vez es la última vez. Voy a envenenarla con esta cesta de comida.”

Escuché estas palabras y empecé a correr hacia la casa de la abuela. Aunque los humanos no me gustan, no creo que sea justo matar, especialmente a un miembro de su familia. Llegué a su casa pero la abuela no quería abrir la puerta, entonces la empujé. La puerta se abrió, pero antes de que pudiera decir nada, me golpeó y me pateó. Le dije que no le haría daño, pero fue en vano. Podéis imaginar el resto. Tomó su arma, y antes de que tuviera tiempo de disparar, la única manera de salvarme era comérmela. Y eso es lo que hice, no sin dificultad.

En este momento, la Caperucita llegó, dejándome solo tiempo para vestirme como su abuela. Se acercó y empezó a decir: “¡Abuela, qué ojos tan grandes tienes!”. Le respondí que era para verla mejor. Después dijo: “¡Abuela, qué orejas tan grandes tienes!” y le respondí que era para escucharla mejor. Continuó exclamando: “¡Abuela, qué dientes tan grandes tienes!”. Hubo un silencio y no le respondí. La Caperucita preguntó: “Abuela, ¿por qué no me respondes?”. Y yo supe que era el momento.

Era el momento para comérmela, para vengarme por lo que me hizo y para destruir su cruel alma. Me precipité sobre ella, pero tuvo tiempo para escaparse. Ella corrió y le oí gritar a un leñador que quería matarla. El leñador no tenía ni idea de qué pasaba, pero todavía me cargó con una sierra. Tuve que escapar del bosque, mi hogar, tan pronto como fuera posible.

La Caperucita Roja arruinó mi vida. Tenía una vida pacífica. Nunca quise hacer daño a nadie, pero ella no me dejó vivir de esa manera. Ahora no tengo lugar para vivir porque no puedo vivir en el bosque con todos los cazadores que quieren matarme. ¿Y qué pasa con ella? Su madre y ella están viviendo como reinas gracias al dinero que su abuela les dejó. La vida no es justa.

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